miércoles, 19 de agosto de 2020

"La ventana abierta" de Saky

 

Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel –dijo con mucho aplomo una señorita de quince años–; mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme.

Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la

sobrina sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca de que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se

había propuesto.

–Sé lo que ocurrirá –le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural–: te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie

y tus nervios estarán peor que nunca debido a la depresión. Por eso te daré

cartas de presentación para todas las personas que conocí allá. Algunas, por lo

que recuerdo, eran bastante simpáticas.

Framton se preguntó si la señora Sappleton, la dama a quien había entregado una de las cartas de presentación, podía ser clasificada entre las simpáticas.

–¿Conoce a muchas personas aquí? –preguntó la sobrina, cuando consideró que ya había habido entre ellos suficiente comunicación silenciosa.

–Casi nadie –dijo Framton–. Mi hermana estuvo aquí, en la rectoría, hace

unos cuatro años, y me dio cartas de presentación para algunas personas del lugar.

Hizo esta última declaración en un tono que denotaba claramente un sentimiento de pesar.

–Entonces no sabe prácticamente nada acerca de mi tía –prosiguió la aplomada señorita.

–Solo su nombre y su dirección –admitió el visitante. Se preguntaba si la

señora Sappleton estaría casada o sería viuda. Algo indefinido en el ambiente

sugería la presencia masculina.

–Su gran tragedia ocurrió hace tres años –dijo la niña–; es decir, después

que se fue su hermana.

–¿Su tragedia? –preguntó Framton; en esta apacible campiña las tragedias

parecían algo fuera de lugar.

–Usted se preguntará por qué dejamos esa ventana abierta de par en par

en una tarde de octubre –dijo la sobrina señalando una gran ventana que

daba al jardín.

–Hace bastante calor para esta época del año –dijo Framton– pero ¿Qué

relación tiene esa ventana con la tragedia?

–Por esa ventana, hace exactamente tres años, su marido y sus dos hermanos menores salieron a cazar por el día. Nunca regresaron. Al atravesar el

páramo para llegar al terreno donde solían cazar quedaron atrapados en una

ciénaga traicionera. Ocurrió durante ese verano terriblemente lluvioso, sabe,

y los terrenos que antes eran firmes de pronto cedían sin que hubiera manera de preverlo. Nunca encontraron sus cuerpos. Eso fue lo peor de todo.

A esta altura del relato la voz de la niña perdió ese tono seguro y se volvió

vacilantemente humana.

–Mi pobre tía sigue creyendo que volverán algún día, ellos y el pequeño

spaniel que los acompañaba, y que entrarán por la ventana como solían hacerlo. Por tal razón la ventana queda abierta hasta que ya es de noche. Mi pobre

y querida tía, cuántas veces me habrá contado cómo salieron, su marido con

el impermeable blanco en el brazo, y Ronnie, su hermano menor, cantando

como de costumbre “¿Bertie, por qué saltas?”, porque sabía que esa canción la

irritaba especialmente. Sabe usted, a veces, en tardes tranquilas como las de

hoy, tengo la sensación de que todos ellos volverán a entrar por la ventana…

La niña se estremeció. Fue un alivio para Framton cuando la tía irrumpió

en el cuarto pidiendo mil disculpas por haberlo hecho esperar tanto.

–Espero que Vera haya sabido entretenerlo –dijo.

–Me ha contado cosas muy interesantes –respondió Framton.

–Espero que no le moleste la ventana abierta –dijo la señora Sappleton con

animación–; mi marido y mis hermanos están cazando y volverán aquí directamente, y siempre suelen entrar por la ventana. No quiero pensar en el estado en que dejarán mis pobres alfombras después de haber andado cazando

por la ciénaga. Tan típico de ustedes los hombres, ¿no es verdad?

Siguió parloteando alegremente acerca de la caza y de que ya no abundan

las aves, y acerca de las perspectivas que había de cazar patos en invierno. Para

Framton, todo eso resultaba sencillamente horrible. Hizo un esfuerzo desesperado, pero solo a medias exitoso, de desviar la conversación a un tema

menos repulsivo; se daba cuenta de que su anfitriona no le otorgaba su entera atención, y su mirada se extraviaba constantemente en dirección a la ventana abierta y al jardín. Era por cierto una infortunada coincidencia venir de

visita el día del trágico aniversario. 

–Los médicos han estado de acuerdo en ordenarme completo reposo. Me

han prohibido toda clase de agitación mental y de ejercicios físicos violentos

–anunció Framton, que abrigaba la ilusión bastante difundida de suponer que

personas totalmente desconocidas y relaciones casuales estaban ávidas de

conocer los más íntimos detalles de nuestras dolencias y enfermedades, su

causa y su remedio–. Con respecto a la dieta no se ponen de acuerdo.

–¿No? –dijo la señora Sappleton ahogando un bostezo a último momento.

Súbitamente su expresión revelaba la atención más viva… pero no estaba dirigida a lo que Framton estaba diciendo.

–¡Por fin llegan! –exclamó–. Justo a tiempo para el té, y parece que se

hubieran embarrado hasta los ojos, ¿no es verdad?

Framton se estremeció levemente y se volvió hacia la sobrina con una

mirada que intentaba comunicar su compasiva comprensión. La niña tenía

puesta la mirada en la ventana abierta y sus ojos brillaban de horror. Presa de

un terror desconocido que helaba sus venas, Framton se volvió en su asiento

y miró en la misma dirección.

En el oscuro crepúsculo tres figuras atravesaban el jardín y avanzaban hacia

la ventana; cada una llevaba bajo el brazo una escopeta y una de ellas soportaba la carga adicional de un abrigo blanco puesto sobre los hombros. Los

seguía un fatigado spaniel de color pardo. Silenciosamente se acercaron a la

casa, y luego se oyó una voz joven y ronca que cantaba: “¿Dime, Bertie, por

qué saltas?”.

Framton agarró deprisa su bastón y su sombrero; la puerta de entrada, el

sendero de grava y el portón, fueron etapas apenas percibidas de su intempestiva retirada. Un ciclista que iba por el camino tuvo que hacerse a un lado para

evitar un choque inminente.

–Aquí estamos, querida –dijo el portador del impermeable blanco entrando por la ventana–: bastante embarrados, pero casi secos. ¿Quién era ese hombre que salió de golpe no bien aparecimos?

–Un hombre rarísimo, un tal señor Nuttel –dijo la señora Sappleton–; no

hablaba de otra cosa que de sus enfermedades, y se fue disparado sin despedirse ni pedir disculpas al llegar ustedes. Cualquiera diría que había visto un

fantasma.

–Supongo que ha sido a causa del spaniel –dijo tranquilamente la sobrina–;

me contó que los perros le producen horror. Una vez lo persiguió una jauría de

perros parias hasta un cementerio cerca del Ganges, y tuvo que pasar la noche

en una tumba recién cavada, con esas bestias que gruñían y mostraban los colmillos y echaban espuma encima de él. Así cualquiera se vuelve pusilánime.

La fantasía sin previo aviso era su especialidad.

Saki, Cuentos, Buenos Aires, CEAL, 1971.

Haciendo click 👇 podés disfrutar del audiolibro

Bibliografía on line: https://continuemosestudiando.abc.gob.ar/recurso/primaria/6-to-ano/practicas-del-lenguaje/actividades-para-realizar-en-el-hogar?u=5ebdeed94ca6090138d4ec97

Biografías de escritores: Saky




Saki es el seudónimo que utiliza el escritor Héctor Hugh Munro, de origen escocés. Nació en Birmania el 18 de diciembre de 1870, aunque fue educado en Inglaterra.


Para conocer su biografía podes entrar al enlace siguiente haciendo click 👇 


martes, 18 de agosto de 2020

SOY MANUEL DE MARGARITA MAINÉ. CAP. 7: CRUZAR EL MAR (PARA 1º CICLO)



  - ¿EN QUÉ QUEDAMOS AYER? - PREGUNTÓ LA MAESTRA. LE GUSTABA SABER SI NOS ACORDÁBAMOS DE ALGO.

- … EN QUE EN LA ÉPOCA COLONIAL NO HABÍA NADA - DIJO FERNANDO.

- NO DIGAN QUE NO HABÍA NADA. EL MUNDO ERA DE OTRA MANERA, Y POR ESO MANUEL TUVO QUE VIAJAR A EUROPA PARA ESTUDIAR EN LA UNIVERSIDAD PORQUE QUERÍA SER ABOGADO.

- ¿FUE EN AVIÓN? - PREGUNTÓ OTRO COMPAÑERO.CON SOLO MIRAR A LA MAESTRA NOS DIMOS CUENTA DE QUE TAMPOCO HABÍA AVIONES.

- VIAJÓ EN BARCO, UN BARCO QUE TARDÓ DOS MESES EN LLEGAR.

- ¿ESTUDIÓ MUCHO? - PREGUNTÓ LAURA.

-¡MUCHÍSIMO!, PORQUE A MANUEL LE ENCANTABA APRENDER. LEÍA LIBROS DE TODO TIPO. APRENDIÓ A HABLAR Y LEER EN FRANCÉS, EN INGLÉS Y EN ITALIANO...

EN EL AULA SE ESCUCHÓ UN MURMULLO DE ADMIRACIÓN. LA MAESTRA CONTINUÓ CONTANDO: 

- MANUEL A LOS GRANDES PENSADORES DE ESOS TIEMPOS... Y EMPEZÓ A CREER QUE HABÍA MUCHAS COSAS QUE CAMBIAR EN NUESTRA TIERRA. NO PODÍAN SEGUIR GOBERNANDO LOS ESPAÑOLES QUE SOLO PENSABAN EN SUS PROPIOS NEGOCIOS Y JAMÁS EN LOS DERECHOS DE TANTA GENTA QUE HABÍA NACIDO EN AMÉRICA.

- ¿O EN LA ARGENTINA? - PREGUNTÓ FERNANDO CONFUNDIDO.

- NO ERA LA ARGENTINA TODAVÍA... EN ESE MOMENTO SE LLAMABA VIRREINATO DEL RIO DE LA PLATA - Y EXPLICÓ ALGO DEL VI-REY QUE NO ENTENDÍ. DESPUÉS NOS SIGUIÓ CONTANDO -: MANUEL PENSABA QUE A LA GENTE HABÍA QUE EDUCARLA, SIEMPRE HABLABA DE LA NECESIDAD DE QUE LA ESCUELA FUERA PÚBLICA, GRATUITA, OBLIGATORIA. INCLUSO FUNDÓ UNA ESCUELA DE DIBUJO, OTRA DE MATEMÁTICAS, UNA DE NÁUTICA.

- ¿DE DIBUJO? - PREGUNTÓ LAURA.

- ES QUE DECÍA QUE EL DIBUJO ERA IMPORTANTE PARA CUALQUIER OFICIO: EL CARPINTERO, EL ZAPATERO, EL SASTRE O EL HERRERO HARÍAN MEJOR SU TRABAJO SI PUCIERAN APRENDER EN UNA ESCUELA DE DIBUJO PARA HACER SUS DISEÑOS.

LA MAESTRA DIJO QUE HICIÉRAMOS UN DIBUJO DE TODO LO QUE HABÍAMOS HABLADO Y ESA TARDE FUE UN ALIVIO PORQUE NO COPIAMOS NADA DEL PIZARRÓN. ASÍ ES MÁS LINDA LA ESCUELA. 


ESCUCHA EL AUDIOLIBRO AQUÍ 👇


lunes, 10 de agosto de 2020

Soy Manuel de Margarita Mainé. Cap. 7 "Cruzar el mar" (Para 2ºCiclo)

 


- ¿En qué quedamos ayer? - preguntó la maestra. Le gustaba saber si nos acordábamos de algo.

- … en que en la época colonial no había nada - dijo Fernando.

- No digan que no había nada. El mundo era de otra manera, y por eso Manuel tuvo que viajar a Europa para estudiar en la universidad porque quería ser abogado.

- ¿Fue en avión?- preguntó otro compañero. Con solo mirar a la maestra nos dimos cuenta de que tampoco había aviones.

- Viajó en barco, un barco que tardó dos meses en llegar.

- ¿Estudió mucho? - preguntó Laura.

- ¡Muchísimo!, porque a Manuel le encantaba aprender. Leía libros de todo tipo. Aprendió a hablar y leer en francés, en inglés y en italiano...

En el aula se escuchó un murmullo de admiración. La maestra continuó contando:

- Manuel leyó a los grandes pensadores de esos tiempos... y empezó a creer que había muchas cosas que cambiar en nuestra tierra. No podían seguir gobernando los españoles que solo pensaban en sus propios negocios y jamás en los derechos de tanta gente que había nacido en América.

- ¿O en la Argentina?- preguntó Fernando confundido.

- No era la Argentina todavía... En ese momento se llamaba Virreinato del Rio de la Plata- y explicó algo del vi-rey que no entendí. Después nos siguió contando-: Manuel pensaba que a la gente había que educarla, siempre hablaba de la necesidad de que la escuela fuera pública, gratuita, obligatoria. Incluso fundó una escuela de dibujo, otra de matemática, una de náutica.

- ¿De dibujo? - preguntó Laura.

- Es que decía que el dibujo era importante para cualquier oficio: el carpintero, el zapatero, el sastre o el herrero harían mejor su trabajo si pudieran aprender en una escuela de dibujo para hacer sus diseños.

La maestra dijo que hiciéramos un dibujo de todo lo que habíamos hablado y esa tarde fue un alivio porque no copiamos nada del pizarrón. Así es más linda la escuela.  

Escucha el audiolibro aquí 👇


Soy Manuel, de Margarita Mainé. Cap. 6: Tiempos remotos ( 2° Ciclo)


Cuando la maestra pegó una lámina de Belgrano en el pizarrón casi me caigo de la silla. Resulta que Manuel Belgrano era muy parecido al superhéroe que andaba a caballo en mi revista, ese que tenía cara de bueno y me gustaba tanto. En la imagen del pizarrón sólo se lo veía a él con una bandera detrás. Estaba muy serio y con el pelo corto y oscuro, peinado sobre la frente.

- ¿Andaba a caballo? - le pregunté a la maestra y ella sonrió.
- Claro - dijo-, en esos tiempos no había autos y las personas andaban a caballo o en carros, porque no existían los autos.
Pensé que ahora sí existían y nosotros seguíamos yendo en carro, pero no me animé a decirlo.
- ¿Y en moto? - preguntó un compañero.
- No, ni autos ni motos ni camiones...- explicó la maestra.
-¿Entonces no había autopistas?- pregunté tratando de imaginar cómo sería el paisaje desde mi ventana sin ese pavimento lleno de vehículos que llenaban el aire de ruido y humo.
- No- repitió la maestra- Mejor, antes de hablar de la vida de Manuel, vamos a recordar cómo eran aquellos tiempos remotos.
¡Qué ganas de usar palabras difíciles! ¿remotos? ¿Qué quería decir "remotos"? ¿Tendría algo que ver con el control remoto?
Por suerte esta vez la maestra no pensó en el diccionario y nos pasó una película que mostraba cómo era el mundo cuando Belgrano vivía. Se llamaba "documental" y contaba algunas cosas.
"La ciudad era de casas bajas, las paredes blancas, los techos de tejas. Las ventanas tenían rejas de hierro. Las mujeres de la clase alta usaban vestidos largos, peinetones y abanicos...".
- ¿Eran todas altas? - Interrumpió Fernando, que es preguntón.
La maestra explicó entonces que no todas las personas vivían de la misma manera. Parece que los españoles y los que tenían dinero eran la "clase alta" y tenían muchos privilegios y un montón de gente a su servicio.
"Las calles eran de tierra y cuando llovía mucho resultaba difícil andar por el barro. Para lavar la ropa, iban al río. Los comerciantes tenían sus locales frente a la plaza o vendían sus productos en las pulperías. Había vendedores ambulante".
Lo de los vendedores ambulantes ya lo sabía porque en la última fiesta de la escuela tuve que disfrazarme de vendedor de velas. Y no compraban velas para cuando se cortaba la luz como hacía mamá, sino porque no había electricidad. Y si no había electricidad no había televisión ni teléfono ni computadoras, nada.
- Qué aburrido vivir así- dijo Laura.
Yo me acordé de que cuando se corta la luz en casa, con Rocío jugamos a las sombras y nos reímos un montón.
- El mundo era distinto - dijo la maestra-, pero les aseguro que nadie se aburría en la época colonial.


Podes escuchar mi audiolibro haciendo Click aquí  👇

https://www.youtube.com/watch?v=iAHP44I_9zw

Soy Manuel, de Margarita Mainé. Cap. 5: El Prócer

 
Capítulo 5 "El prócer"

-Hoy vamos a hablar de nuestro prócer- dijo la maestra y yo escuché "postre".

- ¿De qué postre? -pregunté y algunos chicos se rieron.

- "Prócer"... no "postre" - dijo ella y anotó la palabra en el cartel de las palabras nuevas. Allí dejaba registradas todas las palabras que ella usaba y nosotros no conocíamos.

                        P-R-Ó-C-E-R

La copié con cuidado porque de solo mirarla me parecía complicada. La P con la P ya sabía que sonaba PO, pero con la R en el medio no tenía idea.

- ¿Saben quién es nuestro prócer?- dijo ella y se dio cuenta de que si no sabíamos lo que era un prócer menos íbamos a saber su nombre.

Entonces le pidió a Laura, que ya sabe leer bien, que buscara en el diccionario la palabra y después completó:

          PRÓCER: HOMBRE ILUSTRE QUE ES RESPETADO POR SUS CUALIDADES Y DISFRUTA DE ESPECIAL CONSIDERACIÓN ENTRE LOS DE SU CLASE O PROFESIÓN.

¿Ilustre? Me aclaró poco esa explicación. La maestra insiste en usar el diccionario, pero a mi me parece que a veces no da respuestas sino más preguntas.

- Nuestros prócer es Manuel Belgrano - dijo escribiendo ese nombre y apellido en el pizarrón.

Laura me tocó con el codo. Yo no dejé de copiar. El corazón me latió un poco más fuerte. 

Después la maestra dijo que todos lo recordaban porque era el creador de la Bandera, pero que Manuel (la maestra lo llamaba así, igual que como me llama a mi) había hecho muchas otras cosas y que íbamos a aprender detalles sobre su vida.

Desde ese día me gustó más ir a la escuela. Cada tarde, la maestra nos contaba una historia de Manuel. Me gustaba tener el mismo nombre que él y empecé a entender lo que era un prócer.


Aquí podrán escucharme leer este capítulo a mis alumnos y alumnas, a los que extraño muchísimo, pero todos sabemos que debemos cuidarnos y quedarnos en casa.

Click aquí 👇https://youtu.be/yDUewPznbKw

 

viernes, 7 de agosto de 2020

"El Mundo" de Eduardo Galeano

 

En "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano encontramos uno de estos microrrelatos que se titula "El Mundo" y habla de la sociedad como "un mar de fueguitos".   



“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

 A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana.

 Y dijo que somos un mar de fueguitos.

 –El mundo es eso –reveló–. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

 No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.”